
Durante una audiencia que tuvimos nosotras cuatro como grupo con Su Santidad el 17Th Karmapa, Orgyen Trinely Dorje, al inicio de este año, presentamos nuestra visión y aspiraciones para nuestra comunidad. El texto siguiente está tomado de la carta que leímos en voz alta a Su Santidad en esa ocasión:
“…Su Santidad, nosotras hemos empezado a vivir juntas, lentamente ensayando estructuras para una vida en comunidad que concuerde con el vinaya y que sea compatible con nuestra cultura y aspiraciones Mahayana. Hacemos esto con el sueño de construir las bases para una comunidad monástica más grande en el futuro. Para nosotras como occidentales, esto implica una fase de experimentación, y estamos comprometidas a trabajar juntas para encontrar el justo equilibrio para que una comunidad fuerte, estable y armónica pueda tomar forma lentamente. A largo plazo, aspiramos a ayudar a crear una comunidad donde monjas de muchos países diferentes puedan encaminarse juntas hacia la iluminación. Deseamos construir una hermosa y floreciente plataforma para beneficiar a otros en formas que nosotras mismas no podemos imaginar. Nos gustaría compartir con Su Santidad nuestras ideas y aspiraciones para esta comunidad.

El monasticismo como parte valiosa del Buddhadharma para los occidentales.
Como occidentales, crecimos inmersas en un ambiente que nos dice que la felicidad depende de la adquisición de bienes externos y placeres sensoriales. Entre las muchas enseñanzas que el Buddhadharma ofrece, el sendero monástico en particular provee la prueba directa y viva de que es posible estar contentas con mucho menos de lo que nuestra sociedad insistiría que es indispensable para una vida feliz. Monásticos occidentales que viven gozosamente vidas significativas, pueden ofrecer una demostración poderosa de que las causas de la felicidad residen en otro lugar distinto del que comúnmente se piensa. Sentimos que el monasticismo budista tiene una contribución altamente valiosa que hacer a la cultura occidental, y por lo tanto a la cultura global en la que ésta influye.
La vida en comunidad como una parte integral de la práctica de Dharma
Vivir juntas en comunidad como monásticas ofrece además una clara demostración de la enseñanza de Buda, acerca de que la búsqueda de la felicidad personal sólo puede tener éxito cuando toma en cuenta activamente el bienestar de otros. En este sentido también, una comunidad monástica armoniosa puede ofrecer a la sociedad occidental un argumento directo en contra de la creencia de que nuestra felicidad siempre llega a expensas de otros.
Nuestro propósito de vivir juntas no es simplemente encontrar las condicionas de apoyo para nuestro estudio y práctica del Dharma en forma individual. Por el contrario, tomamos nuestra vida en comunidad como una parte integral de nuestro trabajo para transformar la mente, que es el objetivo del estudio y la práctica del Dharma. Valoramos esta oportunidad de apoyarnos mutuamente, al utilizar nuestra vida en comunidad como un medio para reconocer y confrontar nuestras propias emociones aflictivas y nuestro egocentrismo, y para generar tolerancia y una bondad amorosa, y aprender a apreciar a los otros.
Sin embargo, individuos simplemente viviendo en un mismo lugar no constituyen una comunidad de Dharma floreciente. La práctica formal en conjunto es importante para construir una comunidad, ésta aporta estabilidad y da un sentido de cercanía; también escuchar juntas las enseñanzas del Dharma profundiza nuestra práctica compartida. En el aspecto cotidiano, cocinamos y comemos juntas, seguimos un horario que incluye oraciones y prácticas en grupo tanto en las mañanas como en las noches, y escuchar juntas diariamente enseñanzas de Dharma.
Entrenamiento en el vinaya
Vemos los lineamientos que Buda estableció para sus seguidores monásticos como instrucciones personales que podemos usar para apoyar la transformación de nuestra mente, mediante la disciplina del cuerpo y el habla. También los vemos como si estos nos ofrecieran un proyecto para nuestra vida en comunidad. Encontramos muy benéfico asistir regularmente a la ceremonia de confesión Sojong, cada dos semanas. No tomamos alimentos después del medio día y compartimos nuestros recursos monetarios, de forma que cuando manejamos dinero podemos hacerlo sin pensar que nos pertenece.

Aunque reconocemos que muchas de las reglas del vinaya fueron inicialmente diseñadas en respuesta a un contexto diferente, queremos intentar seguir este modelo siempre que sea posible y ajustarlo sólo cuando sea necesario. Para esto, consideramos crucial la guía de un maestro válido realizado –que hemos encontrado en Su Santidad- y un ambiente protegido, que estamos ahora creando con nuestra comunidad, en el que podamos aplicar las reglas del vinaya.
Manteniendo el gozo en nuestros votos

Aunque puede ser difícil enfrentar nuestras emociones aflictivas, nos sentimos increíblemente afortunadas de vivir bajo la protección de nuestros votos pratimoksha y compartir esta noble forma de vida. Nuestra extraordinaria buena fortuna como monjas al estar bajo el cuidado de Su Santidad nos llena de un gozo que es imposible de expresar. Este gozo nos ayuda a cultivar una mente relajada en medio del trabajo de la auto-transformación que algunas veces es difícil. Queremos mantener este gozo básico como la piedra angular de nuestra vida en comunidad.
Crear una base estable para la futura integración de otras monjas
De alguna forma nuestro origen cultural occidental no es particularmente favorable a la vida en comunidad. En general somos educados para valorar nuestra “independencia”, tener nuestro propio espacio, y planear y trabajar por nuestras necesidades. Como resultado, después de ordenarse las monjas occidentales frecuentemente encuentran muy natural vivir solas, procurarse sus necesidades materiales y practicar el Dharma de forma particular, por su cuenta. Ya que en cualquier caso, hay una escasez de lugares donde las monjas occidentales puedan vivir y entrenarse juntas en comunidad, es fácil tomar la elección de desarrollar un estilo monástico individual y privado. Como resultado, las occidentales que entran a la vida monástica en comunidad frecuentemente tendrán que hacer ajustes y esta transición no será siempre fácil.
Además, aunque usamos el término “occidentales”, de hecho no hay una sola cultura occidental. Pequeña como es, nuestra comunidad ya incluye personas de tres culturas muy diferentes y, por lo tanto, nuestra vida en comunidad también necesita tomar en consideración esta diversidad cultural. En cualquier caso, inevitablemente los conflictos y las dificultades surgen en distintos grados en la vida comunitaria, donde muchos egos y conjuntos de emociones aflictivas están todos reunidos. Sólo con el tiempo podremos construir la seguridad y la confianza necesarias en nosotras mismas y en las demás para afrontar tales momentos con ecuanimidad y compasión.

Por esta razón, creemos que no podemos aceptar a nuevos miembros hasta que nosotras hayamos construido una base estable a la que otras después puedan unirse, en lugar de adaptar ésta en respuesta a los deseos individuales de cada nueva persona que llega a la comunidad. Hasta este momento, consideramos que quizás nos tomará dos años construir lentamente las bases necesarias antes de que podamos empezar a pensar en crecer más allá de nuestra pequeña comunidad que se encuentra ahora en su infancia.
Nuestra aspiración es trabajar para hacernos más hábiles para beneficiar sin límites a otros, sin perder oportunidades para ofrecer nuestro servicio a los demás en pequeñas cosas a lo largo del camino. Vemos la formación de una comunidad monástica como una excelente manera de hacer ambas cosas, aprender cómo ofrecer y ofrecer al mismo tiempo. Por ahora nuestro objetivo es simplemente trabajar para hacer de nosotras mismas y de nuestra pequeña comunidad una plataforma para beneficiar a otros en el futuro.
Su Santidad estas palabras han sido dichas con una sola voz pero sus aspiraciones fueron escritas por cuatro corazones. Apreciamos más allá de las palabras todo su apoyo, y suplicamos con palmas unidas que tenga a esta comunidad y a nosotras cerca y bajo su cuidado siempre. Por favor guíenos para hacer de nosotras mismas y de nuestra vida monástica juntas lo mejor.