
Después de aquel 28 de marzo en que tome los votos monásticos, tras de salir por la puerta del monasterio en hábitos rojos, mi maestra a mi lado, una comunidad hermosa bienviviéndome, el apoyo y amor de mi familia, el cuidado invaluable de amigos y una comunidad dharmica mexicana apoyando cada esfuerzo, estaba lista para salir a esta nueva vida. Ya era una semilla de dharma, pequeña pero fuerte y rodeada de las mejores condiciones. Había generado en lo profundo de mi corazón el anhelo de transformar esta semilla en un abrazo de amor y compasión, y en una causa de felicidad para otros. Repagar tanta bondad que había recibido, reducir el sufrimiento y encontrar felicidad para mi y los demás.
Como es para muchos, lo fue para mi, nos deleita ver el pequeño brote alegre o el frondoso árbol del que recibimos su sombra ignorando lo que sucede en el proceso de transformación…sin embargo todo esto comienza de la misma forma… una semilla sembrada en la tierra, en mi caso, por una hábil jardinera, alegre y compasiva y un Maestro de inconcebible bondad y sabiduría… así fui puesta bajo la amplia y tibia tierra del dharma, protegida de las adversidades, fueron cuidadosamente elegidas las enseñanzas que recibía para mi desarrollo, los fertilizantes de amor y la practica constante.
Y aún así; a veces el agua pura de las enseñanzas apretó la tierra, el espacio se hizo pequeño y complicado, para poder brotar esta semilla tuvo que experimentar el doloroso proceso de reventar sus propias estructuras, que la atrapan en los viejos pensamientos y costumbres, destruir la capa que protege pero también impide florecer, abrirse por completo y exponerse frágil y vulnerable, y así cuando más intenso es el proceso y la tierra no permitir movimiento alguno, las herramientas útiles y la mano experta la remueven una y otra vez, y aunque a veces puede ser doloroso esto permite respirar de nuevo, volver a sentir el espacio abierto, el calor del sol que se filtra por la tierra y reconforta, y el suave cuidado nos pone de nuevo en movimiento.
Mientras la semilla crece lentamente aparecen las amenazas burdas de los engaños y las aflicciones que como gusanos de tierra intentan detener el crecimiento, los embates del ego que nos quieren convertir de nuevo en semillas de ornamento y los sutiles ataques del desanimo y la falta de confianza que invitan a continuar con los viejos hábitos conocidos,
…Han habido momentos de enojo, incertidumbre, desconcierto, desesperanza, tristeza y soledad, sin embargo ese es el proceso de transformación, desquebrajar el pasado, soportar las intemperies del tiempo y las tormentas internas y seguir … seguir en un esfuerzo gozoso y sostenido.
Porque también es cierto que ha estado siempre presente en este proceso de transformación el amor de mis jardineros, removiendo la tierra, nutriéndome con las enseñanzas del dharma, y abrigándome con su paciencia y sabiduría; el estudio y la practica que calientan como un sol con rayos de certidumbre y confianza, el ejemplo de los amigos espirituales que jala y sostiene, el amor de la familia y amigos que llega desde la distancia en nubes cargadas de lluvia fresca y reconfortante, el apoyo de todos aquellos que con sus esfuerzos hacen posible que este cultivando esta vida.
Así como la convicción de vivir en la virtud alejándome lo más que puedo de las acciones que dañan, cultivando un corazón que desea ofrecer y anhelando poder retribuir la enorme bondad que he recibido de otros.
Con devoción y confianza en que transformar esta mente, convertir el conocimiento en sabiduría, el apego en amor , el odio en compasión, el sufrimiento en alegría y poner todo esto al servicio de los demás es algo que vale la pena hacer. Con entrega y honestidad, sin cambios mágicos y repentinos; nacer, brotar, florecer implica a veces un poco de dolor que el tiempo convierte en gozo, no hay dolor insufrible, este cuerpo tiene limites, pero la mente no, y esta puede experimentar el gran gozo de la libertad, el espacio abierto de una mente relajada y la experiencia invaluable de la paz de vivir en la virtud.
Hoy aspiro a ser un brote de luz, el comienzo de un frondoso árbol de dharma que ofrezca una calida sombra de amor y protección a otros …No hay nada mejor que te pueda ofrecer a ti que me has dado tanto…que la promesa hecha realidad de vivir en armonía, en paz y simplicidad.

